La dalia negra

Sé simple (cartelista), no recargues con lo que antaño hicieron los autores (novelista y director), tan sólo ábrele bien los ojos al espectador para que no forme parte del corro de morbosos que se alimentan del yaciente producto de desviados depravados al final de la línea de tres farolas que jalonan el negro recorrido de lo que circula por el lado más sórdido de los oropeles dorados y el glamour artificial de la meca social; invítale a ver, a mirar hacia arriba, hacia el más allá, hacia el más acá, puede que vea negro bajo blanco o blanco sobre negro, poco importa, si observa concluirá que es lo mismo, lo digas con muchos rostros participantes o lo digas sólo con uno implicado, lo pongas con letra negra cubierta de coagulante rojo, lo escribas con flotante letra blanca sobre extenso mar negro y con indiferente independencia del marginado artículo sin mayúscula.